Enriquecimiento (U235):
Las reacciones nucleares requieren como combustible el U235, aunque su existencia en la naturaleza sólo alcanza el 0,7% del uranio total, que está constituido principalmente por el isótopo U238. Para que los modernos reactores funcionen se requiere que el contenido en el isótopo 235 esté comprendido entre el 2% y el 5%. Para concentrar el uranio en el isótopo 235 hasta estas proporciones se pusieron a punto diversos métodos, el primero y más antiguo fue el que se ha denominado difusión gaseosa.
El átomo U235 es algo más ligero que el del U238 y también algo más pequeño. La difusión gaseosa hace uso de las membranas cerámicas con una porosidad y tamaño de poro adecuado para que tenga una ligerísima mayor probabilidad de pasar a través suyo un átomo 235 que U238. Esto hace que se vaya produciendo un leve enriquecimiento en la parte que atraviesa la membrana. Para lograr los enriquecimientos requeridos para obtener combustible nuclear, será, por consiguiente, necesario disponer de miles de etapas de este cribado atómico tan ineficiente. Dado que este proceso se realiza a altas presiones y temperaturas, el consumo de energía eléctrica es muy elevado.
Buscando una mayor eficiencia energética del proceso, se desarrolló el procedimiento de enriquecimiento por ultracentrifugación, dónde los átomos más pesados, como consecuencia de la fuerza centrífuga creada por el giro a altísimas velocidades de unos tubos, se desplazan hacia la periferia del tubo mientras que los ligeros se concentran en el eje. Dado que tampoco este proceso es muy eficiente se hace necesario disponer de un elevado número de etapas para conseguir los enriquecimientos deseados. En la actualidad, ésta es la tecnología con más perspectiva de futuro, ya que la tercera que se desarrolló, aprovechando los rayos láser, no ha llegado a implantarse industrialmente.